coca sepia IB FB

Si eres lector habitual de nuestro blog podrás dar buena cuenta de que son muchas las ocasiones en las que hemos hecho referencia a la tradicional “merienda” mallorquina. Esta comida  que hacemos entre las 11 de la mañana y 12 del mediodía no sólo es fundamental en nuestro estilo de vida diario sino que es parte indiscutible de nuestra dieta,  de ahí que la mimemos y la cuidemos como toca.

Dejando de lado la bollería industrial y los productos sin esencia, en Mallorca solemos dar color a nuestra merienda diaria con productos recién hechos que llevan por delante el sello “hecho en Mallorca”.

Productos exquisitos y caseros como los cocarrois, las panades y las tradicionales cocas de trampó, de cebolla, de pimientos y de sepia, la coca más marinera de nuestra oferta gastronómica y una opción exquisita para matar el gusanillo.

Como sucede con el arroz negro (en el que la tinta del calamar hace de la suyas), es cierto que la coca de sepia no luce precisamente por su aspecto. Con un tono negro que domina sobre el conjunto (y que contrasta con el color natural de la masa casera), esta receta hace que sean muchos los que digan un rotundo “no” a este manjar por eso de pensar -equivocadamente- que aspecto y sabor van unidos. No te dejes llevar por las apariencias y prueba sí o sí este bocado tan nuestro porque  es una auténtica delicia.

Templos en los que probar una auténtica coca de sepia

Aunque la elaboración de las cocas de Mallorca es relativamente sencilla (ya que basta con que hagas la masa y prepares el combo de verduritas de la tierra con sepia, en el caso de la que hoy nos ocupa), lo que toca -especialmente si has venido a visitarnos por unos pocos días- es que disfrutes de esta receta al solecito y en alguno de esos templos en los que la coca es una auténtica institución.

¿Cuáles son algunos de los más destacados de nuestra geografía? Toma nota y no dejes de visitar uno o todos :)

1. El horno artesano de Maysa: Este horno ubicado en Santa Ponça -en activo desde principios del siglo pasado- es algo más que el principal horno del municipio de Calviá, y es que es algo así como una joyería de repostería y de sabores bien mallorquines. Especialistas en cocas de todo tipo  y sabor (sin quitar valor a los dulces que elaboran a base de albaricoque o higos frescos), en Maysa hacen una cocas espectaculares de verduras y, como no, de sepia.

Eso sí, si te has decidido a hacer una excursión por la zona suroeste de la isla y quieres llevarte en la mochila un trocito de este manjar no te arriesgues, reserva tu coca por teléfono. Sí, no bromeamos… la demanda por su receta es realmente increíble así que ¡a por ella!

2. Es Rebost, ecología y sabor: Con varios puntos de venta y consumo en Palma (uno en Calle Olmos y otro en Jaime III), Es Rebost ha dado un giro de tuerca a la gastronomía mallorquina añadiendo a sus productos el sello “cien por cien ecológico”.

Impulsada por un empresario alemán enamorado de la isla, esta marca, más allá de apostar por productos de aquí y de allá (como ensaladas y otras recetas), da prioridad a los sabores mallorquines de toda la vida. ¿Su producto más famoso? Las cocas de sepia, de trampó y de cebolla.

3. Forn Can Guixe: Si has decidido regalarte una sesión de tiendas en Inca (referencia mundial del sector textil y del calzado), estás de enhorabuena ya que en su casco histórico se encuentra otro de los hornos míticos de Mallorca, el Forn Can Guixe. Aunque este local está especializado en las tradicionales ensaimadas mallorquinas, en su interior podrás encontrar desde cocarrois exquisitos a auténticas cocas marineras de sepia.

Hablar de gastronomía mallorquina es hablar de una cocina exquisita, cuidada y muy tradicional. Unos sabores que dicen mucho de nuestra forma de ser y que se elaboran con la materia prima más preciada de Mallorca: nuestro aceite, nuestra fruta y nuestra verdura. Si has elegido Mallorca para pasar unos días de relax no puedes dejar de llevarte un poco de nuestra isla en el paladar ya sea en forma de vino, de dulce o en recetas únicas como nuestro lomo con col o nuestro exquisito tumbet.