ESP_Tenerife

Muchas veces relacionamos Tenerife con sus estupendas playas, pero no caigamos en el error de quedarnos solo con eso. Sus playas son estupendas, sin duda, pero es que Tenerife es mucho más.  Tenerife posee unos paisajes de extraordinaria belleza y de carácter único en el mundo; un paisaje múltiple y especialmente visible, que constituye un recurso de incalculable valor, tanto para sus vecinos como para los millones de turistas que anualmente recibe la isla. Por algo será.

No puede hablarse del paisaje, de un paisaje de Tenerife, sino de todo un mosaico increíble de paisajes. Es, en fin, todo un continente en miniatura. Las mismas razones que explican la variedad de microclimas, son la base de esta fantástica mezcla de perspectivas, de colores, de aromas, de panorámicas distintas que nos van sorprendiendo a cada paso cuando recorremos la isla, produciéndonos la impresión de que, en breves kilómetros, hemos cambiado de país, de continente incluso.

Generalizando mucho, podríamos decir que, paisajísticamente, Tenerife se divide en un Norte verde, húmedo, con una vegetación más frondosa, y un Sur más seco y ocre, salpicado de plantas adaptadas al sol intenso, como ciertos tipos de cactus, cardones, tabaibas… Pero, eso sería francamente simple.

Al haberse formado tras una serie de colosales explosiones volcánicas, una parte del paisaje isleño solo se puede describir como “lunar”, sobre todo en el Parque Nacional del Teide. Primeramente debéis  ascender hasta las Cañadas, un viaje que se puede hacer solamente en coche. Siguiendo la carretera de montaña llegareis finalmente al Parque Nacional y será ahí cuando el paisaje lunar os dejará sin aliento. De repente, dondequiera que miréis veréis extraordinarias formaciones rocosas y un extraño y maravilloso paisaje ante vuestros ojos. 

Los barrancos son casi inaccesibles sorprendentemente bellos y ajenos al tiempo y al mundo, como el del Infierno. Y las playas, de arenas negras en el Norte, y clásicamente rubias en el Sur. Y las palmeras que otean el mar, a lo largo de toda la costa, desde San Juan de la Rambla hasta la Isla Baja.

Están, también, los valles subtropicales, como el de la Orotava, y los bosques de pinos, y las brumas de medianías que se transforman en manto blanco desde lo alto: el mar de las nubes.

Por eso no hablamos del paisaje de Tenerife, hablamos de los paisajes de Tenerife, infinitos, contradictorios, cautivadores.

 

 

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