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España es el tercer país del mundo en volumen de producción de vino. Con 600.000 explotaciones vinícolas y una tradición de cientos de años de antigüedad, no es de extrañar que exista una cultura del vino que, aunque no está tan extendida como muchos esperarían, sí está sufriendo un auge considerable gracias a las nuevas generaciones de propietarios, a las pequeñas bodegas que buscan la innovación en las uvas y la comercialización con una relación calidad-precio más que aceptable. El vino de mesa de las generaciones anteriores a los ochenta prácticamente ha desaparecido como bebida en la gran mayoría de los hogares, sin embargo, ha empezado a repuntar un vino más cuidadoso en su elaboración, pero, sobre todo, mucho más cuidadoso en lo que se refiere a su precio y distribución.

En España existen 50 regiones vinícolas repartidas por todo el país, así que no es de extrañar que el paladar evolucione, igual que evolucionan los gustos gastronómicos, buscando cada vez algo más. Tintos, blancos, rosados, espumosos y de Jerez, se reinventan para ofrecer variedades cada vez más elaboradas y que puedan sobresalir sobre el resto, aunque sea como pequeños productores. No se trata sólo de vender grandes cantidades, que también, sino de que sean únicas. Y en eso está jugando un gran papel el turismo enológico, que se mueve para encontrar calidades y nuevos conceptos sin abandonar la tradición.

Muchas bodegas y viñedos ofrecen la posibilidad de visitar sus instalaciones y fincas, algunas de ellas con cientos de años de antigüedad, por lo que suponen un añadido arquitectónico más que recomendable, y generosas catas. La Rioja, sin duda, la región con más producción, seguida muy de cerca por la Ribera del Duero y Priorat, se enorgullecen de sus deliciosos vinos tintos, cada uno con unas características y cata muy definidos. Para los blancos y espumosos, el lugar al que dirigirse es el Penedés catalán, mientras que los blancos afrutados, hay que viajar hasta las Rías Baixas.

El Jerez, por su parte es una de las variedades más famosas del mundo. Toda la producción que concentrada alrededor de la ciudad que da nombre al vino, desde las ligeras manzanillas y finos al oscuro Pedro Ximénez, da pie a una cultura, que se entremezcla inevitablemente con la gastronomía y la filosofía mediterránea.

Por otra parte, el cava catalán, aragonés y navarro, tiene un amplio mercado internacional y ha colocado a esta respuesta española al champán francés en el paladar de los más exquisitos someliers. No en vano, España es el segundo productor mundial de espumosos.

 

No te pierdas: El viajero amante del buen vino no debe perderse las visitas a las pequeñas bodegas de los pequeños pueblos que inundan la geografía española. Son ellas las que, en los últimos años, ofrecen un producto con una gran calidad-precio.

 

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