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Túnez es un país fascinante. Yacimientos arqueológicos, el desierto del Sáhara y sus oasis, sus increíbles playas, una gastronomía que dejará un sabor de boca inolvidable, una tradición más allá de lo imaginable, sus marinas, establecimientos dedicados a la talasoterapia y el bienestar, o la posibilidad de practicar golf y otros deportes de tierra, dejan al viajero un poso difícil de olvidar. Todo el Túnez tiene algo que fascina, que bebe de la increíble cultura mediterránea, donde el tiempo corre despacio y las horas del día parece que se alargan para que cada minuto quede grabado en la memoria.

La agitada historia de Túnez ha ido dejando unos yacimientos arqueológicos que servirán como dibujo de lo que fue y de lo que es este increíble país africano. Sus más de 3000 años de historia marcados por las grandes civilizaciones del mar que baña sus costas, han servido para que la Unesco declarara siete de sus maravillas como patrimonio mundial de la Humanidad. La ciudad de Bulla Regia, residencia de los reyes númidas, las calles y restos de la gran Cartago, las ruinas de la antigua ciudad de Dougga, una de las más espectaculares del Mediterráneo, la villa de oro del África romano-bizantina de Sbeitla, la antigua etapa de la vía romana Oudhna, la ciudad púnica de Thuburdo Majus (la república feliz), el puerto de Útica, o el increíble coliseo romano de El Jem, son sólo algunos de los ejemplos que le dejarán sin aliento.

Pero si algo destaca en Túnez es el desierto. Más allá de la desoladora inmensidad del Chott el Jerid, el Sáhara se convierte en protagonista de todo paisaje, espolvoreado sólo por los oasis de los que brota la vida. Perdido en un océano de dunas doradas, el viajero podrá hacer parada en algunos lugares, que acompañarán y reafirmarán la creencia de que el desierto no es un lugar sin vida. No puede marcharse del país sin sentir el perfume de las flores del de Ksar Ghilane, escuchar el agua en cascada de Tozeur y el traqueteo del antiguo tren de madera Le Lézard Rouge que viaja a las montañas del norte, o contemplar las características formas redondeadas de las casas de Matmata.

Túnez también cuenta con más de 600 kilómetros de playas en las que han florecido una gran oferta de servicios relacionados con el turismo de sol y playa. Cada localidad tiene sus características y cada playa es un destino único e irrepetible. Los fondos marinos de Tabarka harán las delicias del amante de la naturaleza marina, la arquitectura de formas redondeadas de Djerba proporcionarán instantáneas magníficas, las casas blancas y azules de Sidi Bou Saïd le acogerán para sentir la esencia del mar bajo la elevasión sobre la que se levanta, las increíbles fortalezas milenarias de Susa convertirán su paseo en un viaje en el tiempo, y la capitalidad de los califas fatimíes de Mahdia en el siglo X le demostrarán que la planificación arquitectónica no es exclusiva del siglo XX.

Pero, si lo que busca el viajero son estancias para practicar el golf, este país africano cuenta con ocho campos perfectamente adaptados y diseñados por arquitectos de renombre. Situados frente a la costa, presentan un atractivo marco para la práctica de un deporte que cada vez cuenta con más adeptos.

Por otra parte, Túnez es el segundo mejor destino, después de Francia, para recibir una cura de yodo marino. Con más de 40 centros de talasoterapia, el país lleva más de un siglo tratando enfermedades óseas o reumatismos graves y reequilibrando el organismo en profundidad. El clima tunecino es, además, perfecto para dejarse cuidar en cualquier época del año.

 

Para comer: No se puede marchar de Túnez sin probar las especialidades de pescado con especias acompañado del plato por excelencia: el cuscús. Eso sí, sin dejar de rubricarlo con uno de sus magníficos platos de repostería con miel y frutos secos.

 

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