MED_Essauira

Essaouira, en la costa Atlántica, a apenas dos horas y media desde la bulliciosa Marrakech, o cinco desde la capital, Casablanca, es  una de las ciudades más apacibles y bonitas de Marruecos. Es patrimonio de la humanidad porque su medina es completamente distinta a cualquier otra, no solamente en Marruecos, sino en todo el mundo. En 1765, el Sultán Alaouita Sidi Mohamed ben Abdellah, o Mohammed III, para abreviar, estaba un poco harto del aislamiento marroquí del mundo así que tomó la sabia decisión de contratar al ingeniero militar francés Theodore Cornut para que hiciera del antiguo puerto portugués de Mogador una ciudad cosmopolita abierta al atlántico.  El sultán deseaba  un puerto amplio desde el que pudiera comerciar con las potencias europeas. El objetivo era levantar una ciudad de entre la arena y el viento. Hacerla salir del estado ruinoso en el que se encontraba. Cornut, que había trabajado en la fortaleza de Avignon, estaba fascinado por el nuevo estilo de fortificaciones europeas como la de Saint Maló, en Francia. Pronto se puso manos a la obra, dejando un resultado cuando menos sorprendente. Inicialmente llamada Saouira (la pequeña fortaleza) pasaría pronto a ser llamada Es-saouira (la bellamente edificada).

Sus aledaños la convierten en una ciudad con una oferta envidiable tanto para turistas como deportistas, mochileros y amantes de la cultura en general. Pero Essaouira es conocida por el kitesurf. La bahía de la ciudad está protegida del fuerte oleaje atlántico por la isla de Mogador, donde antaño se alzaba la cárcel portuguesa. El mar casi plano unido al Sharqi, el fuerte viento procedente del Sahara que sopla de media 350 días al año, la convierten en un sitio ideal para la práctica de este deporte. A lo largo de la bahía se pueden encontrar diversas escuelas y tiendas donde alquilar material para la práctica del Kitesurf. También es posible hacer surf en las playas al norte y sur de la ciudad, ya que estas están abiertas directamente al Atlántico.

Essaouira es una ciudad muy interesante y que merece la pena visitar, tanto para un par de jornadas, como para estar una semana practicando kitesurf, perdiéndote por sus fantásticos alrededores semidesérticos, asistiendo al alegre festival de música africana o sencillamente descansando unos días del ruido y el calor marroquí.

 

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