Era lo más parecido a la ingravidez total. Flotando entre cinco y diez metros de profundidad en aguas cristalinas. Las más transparentes que se conocen.. Los Cenotes de Yucatán. La clave está en el tipo de suelo, de roca caliza, tremendamente poroso por donde se cuela todo el agua de lluvias. Tanto que en Yucatán no hay ríos en la superficie, están todos bajo tierra en uno de los sistemas fluviales más complejos del mundo.

De vez en cuando trozos de superficie se colapsan y parte del suelo se derrumba dando acceso a estos ríos. Esto es lo que se llama Cenote. Y están deseando ser explorados. Esto nos llevó a la extraña situación de andar con equipo de buceo, traje de neopreno, botellas de aire, aletas y similares por medio de la selva mexicana, hasta encontrar la abertura en la que nos íbamos a sumergir. Y a partir de aquí, el maravilloso mundo de la espeleología submarina.

Para quién bucee en mar abierto, sabrá que tener una visibilidad de 40 metros es todo un éxito. Sumergirte en el agua y ver a cuarenta metros es algo que muy pocos mares pueden permitirse y donde se consigue, florecen los puntos de buceo. Pues bien, en los cenotes se pueden alcanzar 150 metros de visibilidad. Limpieza total y a nadar entre estalactitas y estalagmitas. Eso sí, no apto para claustrofóbicos.

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