Todos lo hemos visto mil veces. La televisión se encarga puntualmente de ponernos los dientes largos al menos una vez al año. Caravanas enormes, llenas de bailarines y bailarinas de trajes ostentosos pero que tapan poco, todos bailando a ritmo de Samba en lo que dicen que es uno de los festivales más grandes del mundo. El Carnaval de Brasil. Río, Salvador y todas las ciudades en mayor o menor escala se lanzan a la calle a desencajar a ritmo de vértigo las caderas. ¿Cómo resistirse?

Lo que pasa es que uno se imagina a esas carrozas recorriendo las calles, como si de un desfile urbano se tratara y la realidad en Río es algo distinta. Todo es real, sí, pero no circula libremente por las calles, sino en una calle alejada del centro, alrededor de las escuelas de samba, donde se instalan gradas y se cobra entrada al público (a precios nada baratos, como todo el mundo podrá imaginarse). A esto se llama el Sambódromo.

Merecería la pena visitar los Carnavales en Río, ¿sin pisar el Sambódromo? Lo cierto es que tenía la duda de si la ciudad estaría a la altura de las expectativas o si, como decían los más agoreros, el desfile del Sambódromo era lo único que merecía la pena. La respuesta me la dieron los propios cariocas. “¿El Sambódromo? yo nunca he estado allí y las calles de Río están llenas de vida durante los carnavales”. Así sería. Patear las calles, a ritmo de música, con toda la gente en un ambiente fantástico en lo que llaman blocos, o fiestas callejeras.

Toda una experiencia. Se suceden decenas en paralelo a todas horas. “¿Donde iremos hoy? Hay uno que hacen versiones de los Beatles a ritmo de batucada, hay otro en que la gente va vestida de monjas, otro con escenarios y orquestas, otros a pie de playa, listos para darse un baño y seguir de fiesta”. Genial. Hay vida más allá del Sambódromo. Y merece mucho la pena.

Pero Brasil es mucho más que sus carnavales. Para disfrutar de las mejores vacaciones en este país, puedes elegir como alojamiento uno de los hoteles con los que Iberostar Hotels & Resorts en Brasil, entre los cuales se encuentra un “hotel- flotante”: el Iberostar Grand Hotel-Ship Amazon, que realiza un crucero por el Amazonas.