Era inevitable no pasar por allí. Situado en la parte baja de la ciudad frente al puerto, la que comunica mediante un ascensor con Pelourinho, el mercado Modelo era el principal punto de compras de los visitantes de Salvador de Bahía. Un mercado de artesanía donde comprar cuadros, vestidos, pulseras, collares e incluso comer un poco de comida local, incluso suele haber un grupo de capoeira a la entrada. ¿Qué más pedir?

Pues mucho más, la verdad. Al final el mercado no dejaba de ser un reclamo turístico sin personalidad alguna. Había que encontrar el mercado local, obviamente no era allí donde los locales hacían sus compras así que… ¿Donde compraba la gente de Salvador? La respuesta estaba a un par de kilómetros. El mercado de San Joaquín.

Qué locura. Callejones de puestos que se perdían y se mezclaban, angostos, con gente por todas partes, especias, carne colgando, frutas, verduras, marisco, pescado, legumbres, ungüentos para pociones, … entre chapas, maderas y plásticos, con lugares tan estrechos, que repelían la luz del sol. Ni que decir tiene, que parece ser uno de los secretos mejor guardados de Salvador de Bahía, porque apenas era yo el único extranjero que paseaba por allí, ante la mirada atónita de los locales. Claro, que también puede ser que no sea cuestión de desconocimiento, sino de estómago. No es apto para remilgados, así que… ¿A qué estáis esperando para encontraros con el auténtico Salvador?

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