¿Qué ha hecho de Mallorca una tierra irresistible para algunos de los más grandes artistas de los últimos siglos? George Sand, Chopin, Joaquín Sorolla, Robert Graves… La “Isla de la Calma” ha actuado como un fuerte imán para creadores de todas las disciplinas que han encontrado en ella inspiración y un lugar donde descansar el cuerpo y dejar volar la imaginación.

Si un nombre resuena con fuerza en la historia del arte mallorquín, ese es sin duda el de Joan Miró. Y es que, aunque catalán de nacimiento, la vida de este polifacético autor surrealista está estrechamente ligada a la isla balear, considerada por él su segundo hogar.

Desde muy pequeño Miró manifestó su deseo de convertirse en artista, y también desde muy pequeño comenzó a pasar algunas temporadas en Mallorca, en la casa de su familia materna. Allí halló Miró su Edén particular, “un lugar donde todavía se encuentra la frescura de los primeros días de la Creación”.

Sería ésta una relación que mantendría toda su vida, reforzada todavía más al casarse con la mallorquina Pilar Juncosa. Su vida transcurrió a caballo entre España y París, donde conoció a artistas vinculados al Dadaísmo y se nutría de ideas que luego ponía en práctica en Mallorca y en el campo de Cataluña.

Cuando en 1954 Miró regresó a Mallorca, lo hizo para quedarse. Para entonces contaba con 61 años, y según sus propias palabras, una vida en la isla, salpicada con algunos viajes a París y Nueva York, “sería ideal para el trabajo y la salud”.

Así daría comienzo de una de las etapas más productivas de su carrera artística, una etapa de revisión y autocrítica, seguida de obras de una gran fuerza y numerosos proyectos de arte público con los que intentó acercar todavía más su obra al ciudadano de a pie. Sus murales y esculturas comenzaron a adornar las calles de Madrid, Barcelona, París, Chicago y tantas otras ciudades del mundo, entre las que se encontraba, por supuesto, Mallorca. Durante nuestro viaje a la isla, un paseo por la ciudad de Palma nos permitirá encontrarnos con dos esculturas de bronce y un mural de cerámica que son claramente representativas de estos últimos años de su carrera.

Para aprender todavía más sobre el legado que Miró dejó en Mallorca debemos visitar obligatoriamente la Fundació Pilar i Joan Miró, donde se expone una gran colección de pinturas, esculturas, dibujos y obras gráficas tanto de Miró como de otros artistas. La parte más especial son los talleres en los que Miró trabajó hasta el día de su muerte, cuyos cuadros inacabados parecen estar esperando el regreso del pintor.

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Foto | THOR