Una sencilla habitación del hotel Ambos Mundos fue el hogar de Ernest Hemingway durante sus primeros siete años en La Habana. En ella, de pie y con la máquina de escribir apoyada en la ventana, comenzó a escribir Por quién doblan las campanas, una obra maestra de la literatura universal.

Ha pasado más de medio siglo desde la muerte de Hemingway, pero en Cuba su figura sigue viva. Lo vimos al hablar de los Cayos de Ciego de Ávila, y hoy nos desplazamos hasta La Habana para recorrer los principales lugares que fueron testigo de sus andanzas.

El hotel Ambos Mundos, cercano a la Plaza de Armas, conserva tras su restauración todo el sabor de los años 20. La habitación 511 que Hemingway ocupó durante largo tiempo se ha mantenido intacta y acoge una colección de objetos originales pertenecientes al escritor.

“Mi mojito en La Bodeguita y mi daiquiri en El Floridita”. Esta nota, escrita por el propio Hemingway de puño y letra, puede leerse todavía en La Bodeguita del Medio, local de culto dentro de la Habana donde se preparan los mejores mojitos de la ciudad. En el Floridita, su otro local fetiche, una estatua en la misma esquina donde Hemingway se sentaba todos los días recuerda las largas horas de tertulia acompañadas de daiquiris, bebida de la que Hemingway creó su propia variante eliminando el azúcar y añadiendo el doble de ron.

Pero aunque Hemigway fue un asiduo a los bares, su gran afición era la pesca; y el pueblo de Cojímar, el lugar donde tenía anclado su yate “El Pilar”. Allí conoció a Gregorio Fuentes, un pescador que se convirtió en su mejor amigo y que inspiró el personaje de su novela El Viejo y el Mar, obra con la que ganó el premio Pulitzer, tras el cual vendría el merecido Nobel de Literatura.

La última parada de nuestro recorrido es la casa de Hemingway, situada en San Francisco de Paula y hoy convertida en uno de los museos más famosos y visitados del país. En esa preciosa Finca Vigía viviría el escritor más de dos décadas, hasta que un año antes de su muerte regresase a Estados Unidos dejando en ella todos sus muebles, fotografías, armas de caza, cañas de pescar, más de 9.000 libros y revistas llenos de anotaciones e incluso algunas botellas de ron.

En definitiva, miles de recuerdos dispuestos de tal manera que parece que Hemingway nunca se hubiese ido, que fuese a entrar por la puerta en cualquier momento. Y es que ya lo hemos dicho: Hemingway sigue vivo en Cuba, su hogar adoptivo y el país que siempre amó.

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Foto | Wikimedia Commons