Curiosidades de la República Dominicana

Resultaba difícil saber si el pequeño se tomaba el oficio de limpiabotas como un trabajo o como un juego. Entre caballos, lustrando pulcramente las botas de uno de los jinetes, sonrió profundamente cuando se vio en la foto. Aún así no tuvo mucho tiempo para recrearse. Había mucho trabajo por hacer.

Eran las fiestas dominicanas de Pedro Sánchez, y todo tenía que estar impoluto para las celebraciones de la tarde, donde muchos, montados sobre los equinos, harían gala de toda su elegancia. Pero a esas horas de la mañana, cuando los jinetes empezaban tímidamente a llegar y la pequeña noria estaba muerta en una de la calles aledañas a la plaza, no se respiraba otra cosa que una profunda calma.

Los caballos pastaban, los puestos de comida ambulante apenas habían empezado a despertar y nadie diría que, en apenas unas horas, esa pequeña localidad se iba a llenar de vida, de visitantes de toda la región listos para bailar, beber, montar a caballo, en burro, hacer carreras de sacos y subirse a palos ensebados. Pero eso sería más tarde. Por ahora, el pequeño limpiabotas se afanaba en su oficio, mientras sus amigos, acompañantes, le esperaban y le hacían reír al mismo tiempo.