Cuba : Fresa y Chocolate

A veces nos planteamos el acto de viajar como un simple desplazamiento a un lugar en el que descansar de la rutina, como un paseo por otras calles y otros paisajes en el que admirar la naturaleza o las grandes construcciones del hombre, pero sin mayor implicación.

Generalmente, los viajes tienen una duración demasiado corta, insuficiente para integrarse en la cultura del lugar que se visita, con dificultad para entablar amistades o conocer gente de la zona que te enseñe de verdad lo que es el conjunto de ese destino elegido, el apetecible exterior con la mezcla de la idiosincrasia de sus gentes, su alegría de vivir o sus dificultades. En algunos sitios, a las constricciones del tiempo se suma la situación política de un país que dificulta las relaciones de sus habitantes con los turistas, marcando muy bien las fronteras de cada uno y aislándonos del verdadero placer que supone conocer nuevos territorios, nuevas gentes y nuevas formas de entender la vida.

Pero, para eso tenemos el cine, que en no pocas ocasiones, nos ha permitido conocer los detalles más escondidos de las sociedades de otros pueblos, detalles que nos sitúan en un tiempo y un espacio que nos es ajeno pero que, bien recreado, nos permite conocer sitios sin necesidad de haber estado allí o enriquece la experiencia de haberlo visitado o estar en vías de hacerlo.

Para ello, los cubanos son unos auténticos maestros, no en vano tienen una de las escuelas de cine más reconocidas del mundo, de donde han salido excelentes piezas audiovisuales, grandes autores y donde los más renombrados profesionales no dudan en impartir sus clases.

Fruto de este buen hacer genético, dos grandes cubanos se unían en 1994 para crear Fresa y Chocolate, una premiadísma película dirigida por Tomás Gutierrez Alea y protagonizada por Jorge Perugorría. Ambientada en la Cuba de los años 70, esta cinta cuenta la historia de dos hombres muy distintos de un país que no cambia pero cuyas gentes sí evolucionan, dos hombres que un día se conocen y se enamoran, debiendo enfrentarse a lo complicado de una relación entre dos formas de entender la vida bien distintas y a las dificultades de ser homosexual en la Cuba de los 70.

Si planeas una visita a esta isla, elige un buen resort en la playa, disfruta del mar y de la arena, pero no olvides que la realidad está fuera, que los cubanos son gente amable y cariñosa y que te recibirán con los brazos abiertos. Pasea por La Habana, vive sus colores, su calor, su alegría, verás su cine con otros ojos.

 

Imagen | Miramax